Nicolás Horta: Abordando su polémica en el Alpamayo
Por Enrique Marmentini | Fotos por Paolo Avila
A finales de julio recién pasado, un ascenso al Alpamayo (5,947 metros), en la Cordillera Blanca del Perú, generó un montón de ruido. El chileno Nicolás Horta escaló la montaña en solitario integral -sin duda un tremendo logro- pero la forma en que se cubrió el asunto generó polémica. Se habló de un ascenso récord, mientras que otros lo criticaron duramente -particularmente la forma en que se cubrió el pegue. En conversación con Escalando, el hombre en medio de la situación sale al paso para aclarar los asuntos clave de su actividad.
Hablar del Alpamayo es hablar de una montaña de un aura única entre las montañas de la Cordillera Blanca de Perú. No es la más alta ni la más difícil, pero sí la más icónica y reconocible -tal vez la montaña definitiva del Perú. Es difícil, cuando no imposible, debatir cuál es la montaña más bella de todas, pero el Alpamayo fue elegida como tal por la revista alemana Alpinismus el año 1966, y desde entonces se ha convertido en una de las más populares del sur del mundo, visitada y fotografiada por miles de personas año tras año.
Nicolás Horta (23) es un joven andinista chileno con experiencia, con varias expediciones a cumbres de ocho mil metros en Nepal. Llegó a la cumbre del Alpamayo por primera vez hace dos años, y le tocó abrir todos los largos. Ahí es donde le entró “el bichito de decir ‘quiero volver.’”
La vuelta de Nicolás al Alpamayo fue este año, e ir por la ruta normal significaba en parte un juego de ruleta rusa; el 7 de julio pasado, la Asociación de Guías de Montaña del Perú (AGMP) emitió un comunicado dando aviso de la formación de un hongo de nieve peligroso cercano a la cumbre. El potencial de desprendimiento de material -y derechamente del hongo entero- era alto.

El Alpamayo desde el campamento alto. © Paolo Avila
“Era una advertencia muy alta de la peligrosidad de la ruta[…]porque había un hongo de nieve muy inestable, que en el momento de caer iba a arrasar con todo. Por eso elegí cambiar de ruta, al igual que algunos pocos que ya habían alcanzado a cambiar (sic.) por la Directa Francesa. Mi expedición en particular fue por la ruta Directa Francesa (AI 2-3, 365m), y por eso hice el cambio al final, por la peligrosidad que significaba ese hongo de nieve en la ruta que todos estaban haciendo.”
A la cumbre, Nicolás llegó a finales de julio, y fue el medio As Chile el que, en gran parte, elevó el ascenso a la categoría de lo histórico, de lo fuera de serie. En una publicación de Instagram del día 25 de julio, celebraron el pegue como “la primera ascensión invernal en modalidad free solo a la imponente cara de hielo del Alpamayo[…]sin cuerda, sin asistencia”.
La publicación inmediatamente generó respuesta, sobre todo porque no se trata del primer ascenso en solitario a la montaña, y también porque incurre en una serie de errores conceptuales que finalmente empañan una escalada notable.
El primer ascenso en solitario al Alpamayo por su faz suroeste fue en el 26 de mayo de 1977, en una expedición liderada por Nicolas Jaeger, quien llegó a la cumbre de la montaña en dos horas y media. Por su parte, el estadounidense Colin Haley subió la ruta Ferrari (400 metros, D+) en solitario en julio del año 2002 -cuando tenía diecisiete años- por lo que calificar el ascenso como el ascenso de Nicolás como una novedad deportiva no tiene base.
El señalar como un distintivo el haber hecho el ascenso en invierno también es engañoso: subir a la cumbre del Alpamayo durante el invierno del hemisferio sur es la norma. Históricamente, en la Cordillera Blanca del Perú, los meses de invierno ofrecen las condiciones más estables para escalar las montañas, y la mayoría de las expediciones tienen lugar durante aquel lapso de tiempo.

Nicolás Horta en la sección superior del Alpamayo. © Paolo Avila
Al respecto Nicolás señala que “lo importante, y que pude analizar -y que me dio mucha rabia también- fue el hecho de que As escribió lo que quiso básicamente, y le dio un poco más de sensacionalismo al enunciado[…]perdí un poco el control de lo que se dijo y As tomó la decisión de ponerle un poco más a lo que yo hice«.
Aun así, Nicolás es enfático en cuanto a la existencia de una serie de factores diferenciadores de su ascenso respecto a otros de similar talante:
“A pesar de la controversia, y escuchando atentamente, creo yo con la altura de miras que todos esos comentarios… siempre se dijo de que había gente que lo había hecho más joven… Sin embargo, no era bajo las condiciones que yo estipulé de que si había una distinción, si había algo distinto dentro de esta expedición. Eran cuatro factores esenciales para que se cumplieran, bajo la etimología de diferenciador, se tenían que cumplir los cuatro factores. Entonces, no podemos comparar dos expediciones distintas si ni siquiera son similares, porque la única condición que ellos estaban adjudicando como igual, era la condición del free solo, de ir sin cuerda.
El primer factor diferenciador fue la edad, con veintitrés años, y el segundo factor diferenciador es que se realizó en la condición de free solo. El tercero es que hubo autosuficiencia absoluta al subir y al bajar[…] y el cuarto factor fue la ruta en particular; entonces, cumpliendo a cabalidad estos factores, obviamente es distinto.”

Nicolás Horta. © Paolo Avila
Con respecto a las críticas que ha generado su ascenso, Nicolás asegura que “desde que comenzó con el tema del ochomilismo ha estado presente el tema del hate[…] mi intención era cambiar el paradigma de que para hacer las cosas más difíciles tienes que ser de los más aislados[…]puede haber una planificación de por medio, puede haber un equipo detrás, y puede haber mucha gestión y entendimiento del tema. Lo que hacemos no solo nos afecta a nosotros, también afecta al resto, a la comunidad[…]va un poco más allá de querer hacer esto porque sí, sino que es ‘quiero hacer esto porque tuve la preparación y la conciencia de planificar con mucho tiempo.’”
Aunque Nicolás no miente con el hecho de haber subido totalmente en solitario un montañón como el Alpamayo —y que esto sea un acontecimiento merecedor de reconocimiento— no se trata de un ascenso histórico, y eso no tiene por qué ser algo malo. El valor de su escalada no depende de un récord ni de una etiqueta rimbombante, sino de la preparación y compromiso que implica enfrentarse solo a un desafío tan exigente.
En el mundo de la montaña, muchas veces son los matices los que diferencian un logro deportivo de un acontecimiento mediático, y ahí es donde el rol de la prensa especializada cobra importancia. Reconocer la proeza sin exagerarla es también una forma de respeto: hacia el protagonista, hacia quienes hicieron historia antes y hacia la comunidad que sigue buscando inspiración en estas ascensiones.
El propio Nicolás habla de profesionalismo y planificación, y justamente ese profesionalismo también debería incluir el manejo cuidadoso y completo de la información que se comunica. No es lo mismo presentar un ascenso como un desafío deportivo personal que como una novedad histórica. Y en tiempos en que las redes sociales y los medios digitales amplifican cualquier relato, la línea entre un logro auténtico y una estrategia de marketing se vuelve difusa. La búsqueda de protagonismo puede desvirtuar los objetivos originales de la actividad, que deberían estar en la montaña, no en el algoritmo. En definitiva, la reflexión que deja este episodio no es solo si se trató o no de “un hito”, sino cómo contamos las historias de montaña y qué tan responsables somos al transmitirlas: con rigor, con perspectiva y con la honestidad que el alpinismo merece.
