Disparando a la luna: el ascenso al Ultar Sar con Seba Pelletti

Entre los días 6 y 13 de junio pasados, Ethan Berman, Sebastian Pelletti y Maarten van Haeren abrieron un nuevo recorrido en el pilar escondido del Ultar Sar (7,388 metros) -considerado como uno de los grandes desafíos pendientes en la cordillera del Karakoram Pakistaní. En conversación con Escalando, el australiano Pelletti nos cuenta acerca de su más nueva aventura en el mágico Valle de Hunza, lugar donde se gestó una de las grandes historias montañeras de la temporada con la apertura de Shooting the moon (WI4 M5, 3100m).

El pilar sureste del Ultar Sar es dramático y evidente. Más de 3,000 metros de desnivel de escalada mixta por una línea que ha rechazado varios intentos, pero que finalmente vio su primer ascenso en el mes de junio pasado.

Los canadienses Ethan Berman y Maarten van Haeren unieron fuerzas con el australiano radicado en Puerto Natales, Sebastián Pelletti, para quedarse con el primer ascenso de un codiciado itinerario en el remoto y fascinante valle del Hunza, en el extremo norte de Pakistán.

Sebastián Pelletti, guía UIAGM que nos sorprendió el verano con nuevos y estéticos ascensos en la patagonia, nos cuenta a continuación cómo fue que se vivió este gran viaje.

© Colección Seba Pelletti

Escalando: ¿Qué fue lo que les llamó específicamente la atención del pilar escondido del Ultar Sar?

Seba: Es un objetivo conocido como uno de los últimos problemas por resolver en el Karakoram, por la naturaleza estética de la línea y su cercanía a los pueblos del Valle de Hunza. Al investigar encontramos historias de un accidente y una muerte [el 1 de julio de 2018, pilotos del ejército pakistaní rescataron a los escaladores Bruce Normand y Timothy Miller, mientras que su compañero Christian Huber -austriaco- falleció] pero sentíamos que esto le había dado una calidad mítica que en realidad no correspondía, ya que la ruta en realidad no presenta gigantes peligros objetivos. Siendo un pilastro, nos gustó poder mantenernos en el filo, y por ende no estar tan expuestos a caída de material por seracs y demás.

E: ¿Cómo describirías la ruta que escalaron?

S: La ruta es como un maratón -empezando a los 4,300 metros sobre el nivel del mar- de hielo y nieve, que luego culmina en 400 metros de escalada mixta técnica entre los 6,800 y 7,200 metros. Los primeros días exigen que cubras largos tramos de terreno para poder alcanzarlos pocos vivacs refugiados que encontramos a 5,100, 5,800 y 6,650 metros. Estos tramos son casi 100% sobre las puntas frontales de los crampones.

© Colección Seba Pelletti

E: ¿Encontraron algún rastro de algún pegue previo en el pilar?

S: Encontramos una cuerda este año que no vimos el año pasado. Esto habla de la cantidad de nieve que había el año pasado comparado con este. No sabemos de quién era la cuerda, ni tampoco pudimos liberarla del hielo donde estaba metida. Aparte de esto no encontramos ni un rastro -bastante loco- siendo que los Giri-Giri Boys habían escalado hasta la mitad del pilastro de roca. Supongo que la montaña barre todo.

E: ¿Fue muy compleja la logística con la que tuvieron que lidiar?

La logística del campo base es compleja: para acceder al Ultar Sar, tienes que aproximarte por un valle al costado, y luego travesear en bajada para entrar al glaciar Gurpi, a los pies del pilastro. Esta travesía es expuesta por la caída de rocas y morrenas muy sueltas. El año pasado fijamos cuerdas y porteamos cascos de construcción, para cruzar nuestros porteadores, y montar el campo base cerca de la base del pilastro. Finalmente este plan fracasó, y decidimos que el riesgo era muy alto.

Esto significa que a cada intento al pilastro, hay que sumarle dos días de ida y vuelta aproximándose desde más lejos -y por la travesía que solo se podía cruzar temprano en la mañana- mientras las morrenas sueltas estuvieran congeladas.

Finalmente pasamos 8 días en la pared, pero fueron 10 días de ida y vuelta desde campo base. Lo bueno es que este año supimos de este crux, no perdimos tiempo tratando de cruzarlo con porteadores, simplemente cargamos un poco más de gas y comida y fuimos a lo que venimos.

© Colección Seba Pelletti

E: Respecto al valle del Hunza, ¿cómo son las personas y montañas de esas latitudes?, ¿Qué es lo que lo hace un lugar tan icónico?

El valle de Hunza es un paraíso; pequeños pueblos que se sitúan a la desembocadura de ríos glaciales para dar fertilidad a sus campos de cerezas, duraznos y mangos. En este valle la mayoría de la gente son musulmanes ismaelitas, una rama de la religión que suele ser menos estricta. Esto significa que las mujeres de Hunza tienen derecho a estudiar, jugar deportes, y viven menos encubiertas que en otras regiones del país. Este pequeño detalle hace que el Valle tome una onda mucho más relajada y progresista, acomodando también a los turistas que visitan cada verano de todo el mundo para realizar trekking, escalada y parapente. Hemos tenido la fortuna de ser invitado a la casa de varios amigos locales, compartiendo la dieta local del pan de Hunza con un buen té masala con leche -y si tienes mucha suerte- quizás te convidan un poco de la mítica agua de Hunza,  un fermento alcohólico que han producido acá por siglos -desde antes que fueron convertidos a la religión musulmana que prohíbe este tipo de cocciones.

Topo de «Shooting the Moon». © Colección Seba Pelletti

 

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