El caso de Balin Miller: una desgracia para nunca olvidar
La semana pasada, el mundo entero fue testigo del trágico fallecimiento del archi-talentoso alpinista estadounidense Balin Miller (23), quien cayó más de 700 metros en un accidente de escalada que lamentablemente fue transmitido en vivo a través de redes sociales. Las reacciones fueron inmediatas, en seguida la gente comenzó a hablar de cómo se podría haber evitado la tragedia, pero, ¿qué conclusiones -además de la de “poner ojo” con el nudo al final de la cuerda- podemos rescatar?, ¿hay alguna?
Era, sin duda, una de las nuevas y brillantes promesas de la escalada estadounidense; Balin Miller, nacido en Anchorage, Alaska, logró a sus cortos 23 años lo que pocos logran en décadas de actividad -y se perfilaba para muchísimo más. Con un carisma natural y una actitud que irradiaba pasión por su actividad, Miller irrumpió de forma abrupta en las grandes ligas del alpinismo mundial con ascensos vanguardistas y una fuerte presencia en redes sociales.
En junio de este año, Miller escaló el monte Denali (6,190 metros), la montaña más alta de Norteamérica, a través de una legendaria ruta que no se ha escalado más de 20 veces -y además en solitario; la ruta Slovak Direct (2,750 metros, 5.9X, M6, WI 6 Grado VI Alaska) le tomó a Balin 56 horas en completar.

Slovak Direct. ©Andy Houseman
A principios de este año, en las rocosas canadienses, Balin repitió la ruta Reality Bath (Grado Canadiense VII, WI6), abierta por Mark Twight y Randy Rackliff en 1988 -calificada por el mismo Twight como un recorrido extremadamente peligroso, incluso suicida.
Estas escaladas son tan solo algunas de las más destacadas de una corta pero muy intensa carrera. Lo cierto es que Balin Miller era un escalador con vasta experiencia, y cuando a principios de octubre cayó 700 metros tras subir en solitario a la ruta Sea of Dreams (5.9,A4, VI) en Yosemite, la noticia generó conmoción -incluso más allá del grupo de gente ligada a la escalada o el montañismo.
Un desenlace (in)evitable
Sea of Dreams es un recorrido de gran pared con una reputación propia. Es una escalada sostenida, difícil y comprometida, abierta por el legendario Jim Bridwell, el recientemente fallecido Dale Bard y Dave Diegelman en 1978. Balin la logró escalar totalmente solo la semana pasada, y sus esfuerzos fueron transmitidos en vivo por una cuenta de TikTok. Logró incluso salir de la vertical, terminó el 99,9% de la actividad, pero le faltaba un solo detalle: un petate atascado obligó a Balin a rapelear para desatorarlo, y mientras bajaba a toda velocidad por su cuerda para llegar al bolso atascado, Balin de repente cae al vacío, sin más. Por 700 metros.

©Oliver Tippett
Aún no se sabe con exactitud, ni de forma oficial, qué fue lo que sucedió, pero todo apunta a uno de los errores más duros que puede cometer un escalador: pasar de largo al vacío por no atar un nudo al final de la cuerda al momento de rapelear, algo que lamentablemente pasa mucho más de lo que uno podría acreditar.
Inmediatamente, las redes sociales se llenaron de reacciones ante lo acontecido con Balin, y las imágenes de lo ocurrido tristemente se propagaron como el fuego
¿Qué se podría haber hecho distinto? El pasar de largo por no poner un nudo de seguridad al final de la cuerda a la hora de descender ocurre mucho -y le ocurre a gente con mucha experiencia. En Chile no hemos estado exentos, durante los últimos años, de accidentes de esta misma naturaleza -ocurridos también a escaladores muy queridos dentro de la comunidad y con muchos años de trabajo en la montaña.
Lo cierto es que, aunque Balin Miller era uno de los escaladores más talentosos del mundo, siempre estuvo jugando un juego donde estar en las grandes ligas exige exponerse de forma constante, por la naturaleza propia de la actividad. Así es el alpinismo de alto nivel, una actividad riesgosa por esencia, donde los errores se pagan de forma definitiva, muchas veces con la propia vida.
Es muy fácil escribir en redes sociales acerca de cómo todo se podría haber evitado con un nudo, un simple nudo, al final de la cuerda. Un escalador de la talla de Balin Miller de seguro estaba más atento que la gran mayoría respecto a los riesgos que enfrentaba con sus actividades -de no ser así, no hubiera logrado todo lo que logró. Pero aun así, nadie es infalible.
¿Habrá estado Balin muy cansado para darse cuenta de su situación mientras bajaba por aquella cuerda?, ¿habrá estado muy ansioso por terminar ya todo?, ¿una combinación de ambos escenarios? Nunca lo sabremos con claridad, pero lo cierto es que ocurrió y debemos lidiar con las consecuencias cada vez que ocurre un accidente de esta naturaleza.
Balin Miller ya no está con nosotros, y tal vez eso haya sido inevitable. No es, ni será, el primer escalador de muchísima experiencia por morir a causa de un error que, en retrospectiva, puede parecer trivial. Tal vez es mejor aceptar la naturaleza de una actividad que en esencia es arriesgada.
