Tragedia a siete mil metros: el caso de Natalia Nagovitsyna

El mes de agosto en la cordillera de Tian Shan, en Asia Central, fue para el olvido. Un saldo de cinco fallecidos dejó el  temible Pico Pobeda, y lamentablemente uno de ellos fue muy mediático: la imágen de Natalia Nagovitsyna (47) aguantando por nueve días sobre los siete mil metros de altura -atrapada y sin salida posible- dio la vuelta al mundo. Una batalla trágica contra lo inevitable; su deceso, como el de cuatro otras personas en la misma montaña nos muestra un lado amargo e innegable del montañismo de alto riesgo.

Jengish Chokusu, Pobeda, Victory Peak; distintos nombres para la misma mole gigantesca de 7,439 metros y que discurre por la frontera entre China y Kirguistán. Es una montaña magnética y brava. Es de las más altas de Asia central, también de las más populares, y la temporada para subirla es muy corta. Es la montaña de siete mil metros ubicada más al norte del globo y la más fría -la receta perfecta para que asomen su cabeza los desastres.

El 11 de agosto pasado, el escalador ruso Nikolay Totmyanin falleció en un hospital en Bishkek, la capital de Kirguistán, tras haber subido el Pobeda. Se comenzó a sentir mal a lo que bajaba de la cumbre, y aunque logró bajar por su propia cuenta, el legendario montañista de 66 años no pudo sobrevivir.

El día siguiente será recordado por su crudeza. Los iraníes Maryam Pilehvari y Hassan Mashhadiaghalou desaparecieron tras bajar de la cumbre. No se sabe qué pasó con ellos -a pesar de que se les buscó con drones- y durante la misma jornada el destino de Natalia Nagovitsyna tomó un giro brusco al fracturarse una pierna bajando de la cumbre. Las noticias llegaron al campamento base de la montaña ese mismo día: Natalia quedó sola, por sobre los 7,000 metros de altitud, mientras su compañero decidió bajar a buscar ayuda al Campo Base.

Carpa de Natalia en la montaña vista con un drone.

 

 

Al día siguiente, el 13 de agosto, Luca Sinigaglia de Italia y el alemán Gunther Siegmund partieron desde el Base con la intención de dar con Natalia y bajarla. Llegaron hasta la carpa donde se encontraba y le dejaron comida y gas para varios días. Además a ella la encontraron bien, a pesar de la situación, pero no pudieron bajarla. Estaban cansadísimos, habían pasado la noche en la carpa junto a Natalia, pero el esfuerzo que les significó subir les pasó la cuenta. Ambos rescatistas decidieron bajar.

Para el 16 de agosto, Sinigaglia estaba mal. Falleció alrededor de los 6,900 metros debido a congelaciones e inflamación del cerebro. Siegmund también sufrió congelaciones, pero sobrevivió y pudo llegar al Campo Base.

 

Natalia y Luca Sinigaglia. @ Gunther Siegmund

 

Para el día 22, a diez días de su fractura en las alturas del Pobeda, las autoridades de Kirguistán suspendieron las labores de rescate de Natalia. El clima era malo, no venía mejor, y los rescatistas no pudieron cuando estaba la oportunidad. Se decidió sepultar las esperanzas, oficialmente, aquel día.

La crudeza de un abandono

El elemento más brutal de la historia de Natalia es que fácilmente podríamos estar hablando  de una persona que hubiese quedado varada en la Luna. Algo de eso tiene el montañismo de altura de compromiso. Uno sube, y sube, y sube, se aleja; el cordón umbilical con el mundo de abajo a veces se corta, y hay historias de personas atrapadas en tormentas por días y que han perecido en similar agonía a la de Natalia.

El montañismo de altura confronta muchas veces al montañista con dilemas morales de un calibre y consecuencia altísimos. Una persona herida, con edema o enferma puede llegar a perder toda movilidad en un lugar donde incluso respirar es difícil. ¿Hasta cuándo se puede resistir junto a alguien en esas condiciones? ¿Es posible bajar a una persona desde un terreno tan complejo? Muchas veces no queda otra que descender y dejar a alguien allá arriba.

Al final del día, Natalia sabía perfectamente de lo que estaba en juego con su ascenso al Pobeda: cuatro años antes, en el Khan Tengri (7.010 metros), ella misma tuvo que debatirse entre soltar a la otra persona o no. Su esposo, Sergei Nagovitsyn, sufrió un infarto y falleció a una altura de 6.900 metros en aquella montaña, y Natalia se quedó con él hasta que ya no pudo más. Abajo los rescatistas le imploraban para que Natalia bajara, y finalmente tuvo que hacerlo porque realmente no le quedaba otra opción.

Esta es una de las realidades más duras del montañismo o la escalada de alto compromiso, de altura, remota, etc. En lugares como Kirguistán -o los Andes Centrales de Chile y Argentina- no hay posibilidad de acceder a un rescate con helicóptero de forma tan rápida y segura como en otros lados, por lo que instancias como estas sirven como un triste recordatorio de lo que está en juego con cada algunas salidas a la montaña.

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